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Luca Enoch

    Enoch es una figura central en la literatura bíblica, reconocido por su viaje celestial y sus revelaciones. Su narrativa, que comienza en el Libro del Génesis, describe a un hombre que 'caminó con Dios' antes de ser llevado de manera única al cielo. Este extraordinario evento inspiró extensos escritos apócrifos, atribuyendo a Enoch el papel de guardián celestial, arcángel principal y mensajero divino. Dentro de estos textos, Enoch a menudo se identifica con el ángel Metatrón, quien comunica la palabra de Dios y revela los misterios del cosmos, estableciéndolo como una figura crucial en las tradiciones esotéricas y místicas.

    Luca Enoch
    Dragonero
    Dragonero 1. Il sangue del drago
    The Ice Dragon
    Dragonero Temný drak
    Morgana 1
    El libro de Enoc
    • El libro de Enoc

      • 180 páginas
      • 7 horas de lectura

      El libro de Enoc ha sido mencionado en muchos otros libros a lo largo de la Historia. Está catalogado como literatura apocalíptica judía, libros en su mayoría no reconocidos por la Iglesia (apócrifos) los cuales tienen la siguiente estructura: aparece un sabio notorio o un profeta bíblico, como Adán, Ezra o el propio Enoc, a quien durante un sueño le son reveladas una serie de visiones que un ángel va interpretando.

      El libro de Enoc
      4,4
    • Skupina vyvolených putuje zachránit svět. Klasický fantasy příběh, který je ovšem zdařile přenesen do komiksové podoby.

      Dragonero Temný drak
      3,7
    • The Ice Dragon

      • 128 páginas
      • 5 horas de lectura

      From ancient times the ice dragon was a creature of legend and fear, for no man had ever tamed one. When it flew overhead, it left in its wake desolate cold and frozen land. But Adara was not afraid. For Adara was a winter child, born during the worst freeze that anyone, even the Old Ones, could remember. Adara could not remember the first time she had seen the ice dragon. It seemed that it had always been in her life, glimpsed from afar as she played in the frigid snow long after the other children had fled the cold. In her fourth year she touched it, and in her fifth year she rode upon its broad, chilled back for the first time. Then, in her seventh year, on a calm summer day, fiery dragons from the North swooped down upon the peaceful farm that was Adara’s home. And only a winter child—and the ice dragon who loved her—could save her world from utter destruction.

      The Ice Dragon
      3,8