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El asesinato de mi tía

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  • 256 páginas
  • 9 horas de lectura

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Edward Powell es un solterón sin remedio, con un alto concepto de sí mismo, encantado de su sensibilidad, proclive a sentirse humillado y dudosamente perspicaz. Vive en Gales, que aborrece («nada más deprimente que este país bajo la lluvia»), en una población de nombre impronunciable, Llwll, en el caserón familiar, con la detestable tía Mildred, usufructuaria de su herencia —Edward recibe una parca asignación—y recelosa de sus sueños de independencia. Oprimido por la hostil convivencia con esa pariente caprichosa y autoritaria, y harto de la irritación que le producen tanto las chicas del servicio como los vecinos de la zona, se propone liberarse de tantos lastres maquinando accidentes para matar a su tía, cuidándose mucho de no dejar rastro. Consigna en un diario su empeño obsesivo en urdir el asesinato perfecto, sin advertir que su dudoso comportamiento no pasa desapercibido. El asesinato de mi tía (1934) combina admirablemente estudio de carácter y comicidad. Edward, a pesar del ridículo, tiene el encanto del presuntuoso que no se abochorna de su falta de ética, y la tía Mildred no es muy distinta de su sobrino. Con un acreditado sentido británico de la intriga, Richard Hull tampoco desperdicia algún irónico giro argumental.

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El asesinato de mi tía, Richard Hull

Idioma
Publicado en
2018
Encuadernación
(Tapa blanda)
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Título
El asesinato de mi tía
Idioma
Español
Editorial
Alba
Publicado en
2018
Formato
Tapa blanda
Páginas
256
ISBN10
8490653801
ISBN13
9788490653807
Serie
Descripción
Edward Powell es un solterón sin remedio, con un alto concepto de sí mismo, encantado de su sensibilidad, proclive a sentirse humillado y dudosamente perspicaz. Vive en Gales, que aborrece («nada más deprimente que este país bajo la lluvia»), en una población de nombre impronunciable, Llwll, en el caserón familiar, con la detestable tía Mildred, usufructuaria de su herencia —Edward recibe una parca asignación—y recelosa de sus sueños de independencia. Oprimido por la hostil convivencia con esa pariente caprichosa y autoritaria, y harto de la irritación que le producen tanto las chicas del servicio como los vecinos de la zona, se propone liberarse de tantos lastres maquinando accidentes para matar a su tía, cuidándose mucho de no dejar rastro. Consigna en un diario su empeño obsesivo en urdir el asesinato perfecto, sin advertir que su dudoso comportamiento no pasa desapercibido. El asesinato de mi tía (1934) combina admirablemente estudio de carácter y comicidad. Edward, a pesar del ridículo, tiene el encanto del presuntuoso que no se abochorna de su falta de ética, y la tía Mildred no es muy distinta de su sobrino. Con un acreditado sentido británico de la intriga, Richard Hull tampoco desperdicia algún irónico giro argumental.