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Josep M. de Sagarra

    Josep Maria de Sagarra fue un poeta, novelista y dramaturgo catalán, célebre por su magistral y vívida utilización del lenguaje. Sus obras de teatro, elogiadas por su originalidad y gracia lingüística, alcanzaron una inmensa popularidad entre el público. En poesía, destacó por su habilidad para capturar el mito y explorar sus dimensiones humanas, mientras que sus novelas a menudo sirvieron como sátiras sociales mordaces. Sagarra poseía un talento único para conectar con un amplio público lector, asegurando su perdurable relevancia literaria.

    Cançons de rem i de vela 19
    La Divina comèdia vol. II
    Vida privada
    Divina Comedia
    • 2005

      Divina Comedia

      • 383 páginas
      • 14 horas de lectura

      Dante Alighieri (1265-1321), padre de la lengua italiana, invirtió doce anos de su vida en escribir la Divina Comedia. Dos hechos biográficos -la muerte de su amada Beatriz y el exilio de su ciudad, Florencia- le sumieron en un estado de incertidumbre y desilusión que sólo logró superar a través de una poesía universalizante que dejó a las generaciones venideras una obra plena de belleza e inmortalidad, base de la literatura alegórica medieval. En la Divina Comedia Dante pretende decir lo que nunca ha sido dicho de mujer alguna: la exaltación del triunfo celestial de la amada, la expresión de un amor que transciende las dimensiones físicas de este mundo y se convierte en pura espiritualidad. El resultado final es un fantástico viajes hacia la redención que abarca todo el argumento existencial, desde la creación del hombre hasta su destino final, la divinidad. Angel Chiclana, de la Universidad Complutense, ofrece en su edición una auténtica guía de lectura, adaptando nuestra sensibilidad moderna a la ideología y la estética medievales y familiarizándonos con los personajes, acontecimientos, instituciones, fuentes literarias y el complejo teológico y filosófico del autor de esta obra cumbre de la literatura universal.

      Divina Comedia
    • 1986

      Vida privada

      • 300 páginas
      • 11 horas de lectura

      Una letra de cambio impagada, detonante de un chantaje de trágicas consecuencias urdido por un gigoló nihilista, levantará los tejados de la alta sociedad barcelonesa de los años treinta –la que todavía frecuentaba el Colón y la Maison Dorée, jugaba a encanallarse en el Gambrinus o La Criolla y asistía, con una mezcla de desdén y pánico, a los cambios provocados por la Exposición Universal y el paso de la dictadura a la República–, revelando un universo decadente de aristócratas arruinados, entretenidas de oropel, parvenus impresentables y asfixiante miseria moral. En 1932, el irrepetible Josep Maria de Sagarra –el poeta más popular de Cataluña, el traductor de Dante y de Shakespeare, el dramaturgo más aplaudido y el periodista más leído de su tiempo– se encerró durante dos meses en la biblioteca del Ateneo para demostrar que la «Gran Novela Catalana» era posible, y lo consiguió: Vida privada se convirtió en el mayor éxito novelístico de la época; obtuvo el Premio Creixells de aquel año, vendió más de cinco mil ejemplares... y ocasionó un escándalo equiparable al de Plegarias atendidas de Truman Capote, que le valdría a su autor, aristócrata de nacimiento, la excomunión de todos aquellos que se reconocieron en las páginas del libro. Su pluma, cargada con la misma gasolina que gastaba Paul Morand, perfumada con el volátil alcohol de monóculo de Valery Larbaud, a caballo entre la evocación proustiana y la crónica contrapuntística a la manera de Huxley, levantó acta de las convulsiones de su tiempo y compuso la elegía de su perdida patria espiritual: el ochocentismo, que por azares de la historia perduraría en la sociedad barcelonesa hasta el fin de la Gran Guerra, y cuya esencia cristaliza en el personaje más emblemático del libro, Pilar de Romaní, condesa de Sallent, cuya muerte cierra la historia y clausura una época. Pese a su deslumbrante prosa y su gran altura literaria, Vida privada fue calificada de «escandalosa e inmoral», y no fue autorizada por la censura franquista (y con no pocos cortes) hasta bien entrada la década de los sesenta, para ser descubierta por una generación de novelistas (Juan Marsé, Vázquez Montalbán, Terenci Moix, Eduardo Mendoza, Félix de Azúa y un largo etcétera) que no dudó en reivindicarla como lo que es: un clásico incontestable de la novelística europea.

      Vida privada