Simone Kabst Orden de los libros (cronológico)




La joven del acantilado
- 469 páginas
- 17 horas de lectura
Grania regresa a su Irlanda natal dispuesta a empezar una nueva vida, pero un viejo y oscuro secreto familiar se interpone en su camino Una figura diminuta y descalza al borde del acantilado, una melena pelirroja que se mueve con las ráfagas de viento, un vestido blanco hasta los tobillos... Así es la niña la primera vez que Grania Ryan la ve. "Si le digo algo podría asustarse y caer, pero igualmente la podría arrastrar el viento", piensa. Grania se ha refugiado en casa de sus padres, en Irlanda, después de que la relación con su novio en Nueva York haya terminado. Allí entabla una íntima amistad con esa niña, Aurora Lisle, y su padre, viudo. Sin embargo, esta inesperada relación reaviva un profundo resentimiento entre las dos familias de cuyo origen nadie quiere hablar.
El invernadero de Wharton Park ha guardado muchos secretos a lo largo de los años... De niña, Julia Forrester solía pasar horas en el invernadero de Wharton Park haciendo compañía a su abuelo, el jardinero de los Crawford. Años después, tras una tragedia que hace perder sentido a su vida, Julia regresa: Wharton Park ya no es la gran mansión que fue, y su nuevo heredero, Kit Crawford, piensa en venderla. La aparición de un diario hará que la verdadera historia de un amor que cambió el destino de los Crawford salga a la luz: una historia que comienza en los años treinta y con la llegada de una joven dama inglesa criada en la India y de una doncella del pueblo. Una saga épica familiar que nos transporta desde la Inglaterra de los años treinta y la Tailandia de después de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.
Contemporánea: La isla bajo el mar
- 512 páginas
- 18 horas de lectura
Para ser una esclava en el Saint-Domingue de finales del siglo XVIII, Zarité había tenido buena estrella: a los nueve años fue vendida a Toulouse Valmorain, un rico terrateniente, pero no conoció ni el agotamiento de las plantaciones de caña ni la asfixia y el sufrimiento de los trapiches, porque siempre fue una esclava doméstica. Su bondad natural, fortaleza de espíritu y honradez le permitieron compartir los secretos y la espiritualidad que ayudaban a sobrevivir a los suyos, los esclavos, y conocer las miserias de los amos, los blancos. Zarité se convirtió en el centro de un microcosmos que era un reflejo del mundo de la colonia: el amo Valmorain, su frágil esposa española y su sensible hijo Maurice, el sabio Parmentier, el militar Relais y la cortesana mulata Violette, Tante Rose, la curandera, Gambo, el apuesto esclavo rebelde… y otros personajes de una cruel conflagración que acabaría arrasando su tierra y lanzándolos lejos de ella. Al ser llevada por su amo a Nueva Orleans, Zarité inició una nueva etapa en la que alcanzaría su mayor aspiración: la libertad. Más allá del dolor y del amor, de la sumisión y la independencia, de sus deseos y los que le habían impuesto a lo largo de su vida, Zarité podía contemplarla con serenidad y concluir que había tenido buena estrella.