Kevin Roberts cree apasionadamente que el amor es el camino a seguir para los negocios. Aquí relata el viaje desde productos hasta marcas y la urgencia de dar el siguiente paso hacia los Lovemarks. Su argumento es que las marcas, aturdidas por el asalto de la mercantilización y la indiferencia del cliente, han perdido su esencia. ¿La solución? La creación de productos y experiencias que generen relaciones emocionales a largo plazo con los consumidores. Para ello, Roberts aboga por infundir a las marcas los elementos fundamentales de Lovemark: Misterio, Sensualidad e Intimidad.
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