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Las aventuras del capitán Alatriste

Esta saga histórica sigue las hazañas de un valiente soldado español inmerso en el turbulento siglo XVII. Leal al rey Felipe IV, se ve envuelto en intrigas políticas, batallas y peligrosas misiones por toda Europa. La serie combina magistralmente la emocionante acción con una profunda exploración de la política y las dinámicas sociales de la época. Es una aventura épica llena de honor, traición y la lucha por la supervivencia.

Corsarios de Levante
El caballero del jubón amarillo
Las aventuras del Capitán Alatriste - 4: El oro del rey
El sol de Breda
Limpieza de sangre
El capitán Alatriste

Orden recomendado de lectura

  1. El capitán Alatriste

    • 217 páginas
    • 8 horas de lectura

    El capitán Alatriste Primera edición: Alfaguara, 1996 Páginas: 248 ISBN: 8420483532 "No era el hombre más honesto ni el más piadoso, pero era un hombre valiente"... Con estas palabras empieza El capitán Alatriste, la historia de un soldado veterano de los tercios de Flandes que malvive como espadachín a sueldo en el Madrid del siglo XVII. Sus aventuras peligrosas y apasionantes nos sumergen sin aliento en las intrigas de la Corte de una España corrupta y en decadencia, las emboscadas en callejones oscuros entre el brillo de dos aceros, las tabernas donde Francisco de Quevedo compone sonetos entre pendencias y botellas de vino, o los corrales de comedias donde las representaciones de Lope de Vega terminan a cuchilladas. Todo ello de la mano de personajes entrañables o fascinantes: el joven Íñigo Balboa, el implacable inquisidor fray Emilio Bocanegra, el peligroso asesino Gualterio Malatesta, o el diabólico secretario del rey, Luis de Alquézar. Acción, historia y aventura se dan cita en estas páginas inolvidables.

    El capitán Alatriste1
    4,0
  2. Una edición escolar -con texto íntegro y nuevas ilustraciones- de la segunda entrega de las aventuras del capitán Alatriste. Una mujer ha aparecido estrangulada frente a la iglesia de San Ginés. El enigma se complica con los sucesos misteriosos que ocurren tras las paredes del convento, cuando Alatriste es contratado para rescatar de allí a una joven novicia.

    Limpieza de sangre2
    3,8
  3. El sol de Breda

    • 256 páginas
    • 9 horas de lectura

    En esta tercera entrega de «Las aventuras del capitán Alatriste», se representan las batallas y el asedio de Breda en 1625 por los tercios españoles en Flandes. Íñigo Balboa, como mochilero del capitán Alatriste, es un testigo excepcional de la rendición de la ciudad, un evento que narrará diez años después para un famoso cuadro de su amigo Diego Velázquez. A medida que sigue a su amo a través del paisaje que aparece en la pintura, Íñigo empuña por primera vez la espada y el arcabuz, luchando por su vida y la de sus compañeros. Su camino está lleno de estocadas, asaltos, desafíos y motines de la infantería española, todo en un mundo devastado por el invierno y la guerra. Con el sonido de los tambores, las primeras filas de españoles avanzan, y Diego Alatriste marcha junto a ellos, mostrando un espíritu indomable. Los mismos hombres que antes se amotinaron por sus pagas ahora se presentan firmes y decididos, listos para enfrentar al enemigo, dejando tras de sí la humareda de sus arcabuces encendidos. La historia de Íñigo es una mezcla de valentía y supervivencia en tiempos de conflicto.

    El sol de Breda3
    3,8
  4. Sevilla, 1626. A su regreso de Flandes, donde han participado en el asedio y rendición de Breda, el capitán Alatriste y el joven mochilero Íñigo Balboa reciben el encargo de reclutar a un pintoresco grupo de bravos espadachines para una peligrosa misión, relacionada con el contrabando del oro que los galeones españoles traen de las Indias. Los bajos fondos de la turbulenta ciudad andaluza, el corral de los Naranjos, la cárcel real, las tabernas de Triana, los arenales del Guadalquivir, son los escenarios de esta nueva aventura, donde los protagonistas reencontrarán traiciones, lances y estocadas, en compañía de viejos amigos y de viejos enemigos.

    Las aventuras del Capitán Alatriste - 4: El oro del rey4
    3,9
  5. «Don Francisco de Quevedo me dirigió una mirada que interpreté como era debido, pues fui detrás del capitán Alatriste. Avísame si hay problemas, habían dicho sus ojos tras los lentes quevedescos. Dos aceros hacen más papel que uno. Y así, consciente de mi responsabilidad, acomodé la daga de misericordia que llevaba atravesada al cinto y fui en pos de mi amo, discreto como un ratón, confiando en que esta vez pudiéramos terminar la comedia sin estocadas y en paz, pues habría sido bellaca afrenta estropearle el estreno a Tirso de Molina. Yo estaba lejos de imaginar hasta qué punto la bellísima actriz María de Castro iba a complicar mi vida y la del capitán, poniéndonos a ambos en gravísimo peligro; por no hablar de la corona del rey Felipe IV, que esos días anduvo literalmente al filo de una espada. Todo lo cual me propongo contar en esta nueva aventura, probando así que no hay locura a la que el hombre no llegue, abismo al que no se asome, y lance que el diablo no aproveche cuando hay mujer hermosa de por medio.»

    El caballero del jubón amarillo5
    4,0
  6. Corsarios de Levante

    • 348 páginas
    • 13 horas de lectura

    Durante casi dos años serví con el capitán Alatriste en las galeras de Nápoles. Por eso hablaré ahora de escaramuzas, corsarios, abordajes, matanzas y saqueos. Así conocerán vuestras mercedes el modo en que el nombre de mi patria era respetado, temido y odiado también en los mares de Levante. Contaré que el diablo no tiene color, ni nación, ni bandera; y cómo, para crear el infierno en el mar o en la tierra, no eran menester más que un español y el filo de una espada. En eso, como en casi todo, mejor nos habría ido haciendo lo que otros, más atentos a la prosperidad que a la reputación, abriéndonos al mundo que habíamos descubierto y ensanchado, en vez de enrocarnos en las sotanas de los confesores reales, los privilegios de sangre, la poca afición al trabajo, la cruz y la espada, mientras se nos pudrían la inteligencia, la patria y el alma. Pero nadie nos permitió elegir. Al menos, para pasmo de la Historia, supimos cobrárselo caro al mundo, acuchillándolo hasta que no quedamos uno en pie. Dirán vuestras mercedes que ése es magro consuelo, y tienen razón. Pero nos limitábamos a hacer nuestro oficio sin entender de gobiernos, filosofías ni teologías. Pardiez. Éramos soldados.

    Corsarios de Levante6
    3,9