Paula Quiñones llega a Azafrán para localizar fosas de la Guerra Civil. Ese verano mantendrá correspondencia con la suegra del detective Zarco y le contará sus amores. También le relatará las leyendas familiares. Con esta novela, se cierra la trilogía del detective Arturo Zarco.
Cíngulo y estrella , cuarto poemario de Marta Sanz, es un cancionero de celebración. De celebración de dos cuerpos que se reescriben el uno al otro mientras el tiempo pasa. Treinta años. Estos poemas hablan de lo que el amor leal puede tener de subversivo en una época en que la pornografía deja de transgredir las normas para convertirse en moneda de cambio del capitalismo. Hablan de la falta de solemnidad de la convivencia, de la compañía, del amor como sentido de la propiedad y del ahorro. De la pereza y de la generosidad como acto reflejo. De las mutaciones del sentimiento y de que no todas las mutaciones significan desgaste. La palabra nace de la dificultad y del atrevimiento de llevarle la contraria y corregir formas aletargantes, cursis y domesticadas, de expresar y sentir el amor. Se aspira a renovar el imaginario al uso para indagar en la pasión amorosa y sus metamorfosis; en la sexualidad genital y en otros conceptos de la sexualidad; en los celos retrospectivos, los encuentros imposibles, los malos augurios y las relaciones condenadas a morir que, pese a todo, persisten. Cíngulo y estrella es un cancionero. Una mujer casada cuenta una historia. Con alegría y una punta de cinismo.
Renatte es menuda, pecosa, con el pelo castaño recogido en una coleta. Tiene una de esas bocas que no sonríen bien. Los dientes, un poco oscuros. Los ojos claros. Es delgadita. Viste un pantalón vaquero y una camisa blanca. Parece una niña, una adolescente. Probablemente pesa entre cuarenta y cinco- y cincuenta kilos, y no mide más de unos sesenta. Cuando veo a Renatte, el corazón me late muy deprisa. Porque Renatte y yo somos como dos gotas de agua. Idénticas. De la cabeza a los pies.