Deux couples, parents respectifs de deux collégiens, tentent de résoudre à l'amiable un conflit entre leurs enfants... Peu à peu, le vernis craque, et sous les apparences lisses, les passions se déchaînent et les deux couples finiront par s'entre-déchirer sous les hurlements de rire du public !
En la China comunista de Mao Zedong, dos jóvenes amigos, hijos de ¿intelectuales¿, son enviados a una aldea campesina para su ¿reeducación¿, puesto que las costumbres de su medio son consideradas perniciosas y contaminantes para el régimen. Perdida en las montañas, la aldea y su lejanía son los recursos para que los amigos descubran una vocación con la que su castigo se hace más tolerable: se hacen contadores de historias. Entre los trabajos pesados y humillantes, el mejor descanso son los largos viajes que tienen que hacer a otras aldeas para ver las películas y luego poder contarlas al jefe de la aldea y a sus pobladores hasta el más mínimo detalle. Como buenos lectores que han sido, los amigos se ayudan con las historias leídas para atraer a su público y finalmente¿para cautivar a la joven costurera. En estas circunstancias la lectura se les hizo una necesidad y los libros se volvieron tesoros por los que se haría cualquier cosa, incluso robárselos, aunque con ello pusieran en riesg ...
Chantal y Jean-Marc viven juntos en París y se quieren, se quieren tanto que incluso parecen confundirse. Y es que, a veces, se dan situaciones en las que, por un instante, ninguno de los dos parece reconocerse, en el que la identidad del otro se disuelve y, de rechazo, duda de la suya propia. Todo el que ama, todo el que convive en pareja, lo ha vivido alguna vez, porque lo que más teme en el mundo quien ama es «perder de vista» al ser amado. Pues eso es lo que, poco a poco, va a empezar a ocurrirles a Chantal y a Jean-Marc. Pero ¿en qué instante, ante qué gesto y en qué circunstancia precisa comienza ese aterrador proceso? Kundera atrapa al lector en el pánico que acompaña ese instante de extravío y éste ya no tendrá más remedio que adentrarse en el laberinto que recorren Chantal y Jean-Marc y en el que más de una vez deberá cruzar la frontera de lo real y lo irreal —o entre lo que ocurre en el mundo exterior y lo que elabora una mente en solitario.
Milan Kundera se sirve a la vez de una novela francesa del siglo XVIII y de
una excursión que a él y a su mujer se les antoja hacer a un castillo de
Francia convertido en hotel, para ir dando vida a una serie de personajes del
pasado y del presente que terminan coincidiendo en un congreso de entomólogos
que se celebra en sus salones. Personajes e historias de ayer y de hoy van
entrelazándose de tal manera que a nadie sorprendera, por ejemplo, que un
hombre enfundado en un casco de motociclista, azorado e impaciente, se aleje
en su moto a toda velocidad, mientras otro, con una peluca blanca, adormilado
y ensimismado, se sube a una calesa que parece salida de una estampa del
pasado : el primero desea sin duda dejar algo tras de sí a toda prisa ; el
segundo, en cambio, parece disponerse a rememorar, al paso lento del caballo,
la noche que acaba de pasar con la intrigante y seductora Madame de T.
Este ensayo está escrito como una novela: al filo de nueve partes independientes, los mismos personajes pasan y se cruzan: Stravinski y Kafka acompañados de sus peculiares amigos, Ernest Ansermet y Max Brod; Hemingway con su biógrafo; Leos Janacek con su pequeña nación; Rabelais con sus herederos: los grandes novelistas. Y eso porque el arte de la novela es la protagonista indiscutible de este libro: el espíritu del humor que lo engendró; su misterioso parentesco con la música; su historia, que evoluciona (como la de la música) en tres tiempos; la estética de su tercer tiempo (el de la novela moderna); su sabiduría existencial. Es precisamente a la luz de esta «sabiduría de la novela» como examina en este libro las grandes situaciones de nuestra era: los procesos morales contra el arte del siglo, desde Céline hasta Maiakovski; el tiempo que pasa y hace que la identidad del «yo» presente se llene de incertidumbre con respecto al «yo» de ayer; el recuerdo como una forma de olvido; el pudor como noción esencial de una época basada en el individuo; la indiscreción que, convertida en regla y costumbre, anuncia el crepúsculo del individualismo; la fuerza misteriosa de la voluntad de un muerto; los testamentos; los testamentos traicionados (de Europa, del arte, del arte de la novela, de los artistas).