Bookbot

Valoración del libro

Parámetros

  • 157 páginas
  • 6 horas de lectura

Más información sobre el libro

La obra de Aleksandr Pushkin (1799-1837) -reconocido un�nimemente como el principal forjador de la literatura moderna rusa- sirvi� de crisol donde se fundieron la precisi�n de la lengua escrita con la f�rtil fantas�a de la lengua hablada. En " La hija del capit�n " (1836), bajo la influencia de Walter Scott, Pushkin, con una sinceridad alejada de la exagerada afectaci�n rom�ntica, se sirve de un hecho hist�rico -la sublevaci�n del caudillo cosaco Yemeli�n Pugachov- para explorar literariamente uno de los temas constantes en la historia de la sociedad rusa: el conflicto entre un sistema desp�tico e injusto y un pueblo sometido y humillado, proclive a utilizar la figura de falsos mes�as para defender su honor y liberar su ira contra el poder opresor.

Publicación

Compra de libros

De kapiteinsdochter, Aleksandr Sergejevič Puškin, A. S. de Leeuw

Idioma
Publicado en
1975
product-detail.submit-box.info.binding
(Tapa blanda)
Ya no está disponible.
o
Ver ediciones disponibles

Métodos de pago

4,1
Muy bueno
1710 Valoraciones

Nos falta tu reseña aquí

Idioma
Holandés
Editorial
Querido
Publicado en
1975
Formato
Tapa blanda
Páginas
157
ISBN10
9021493705
ISBN13
9789021493701
Primera publicación
1836
Título original
Капитанская дочка (Kapitanskaja dočka)
Calificación
4,1 de 5
Descripción
La obra de Aleksandr Pushkin (1799-1837) -reconocido un�nimemente como el principal forjador de la literatura moderna rusa- sirvi� de crisol donde se fundieron la precisi�n de la lengua escrita con la f�rtil fantas�a de la lengua hablada. En " La hija del capit�n " (1836), bajo la influencia de Walter Scott, Pushkin, con una sinceridad alejada de la exagerada afectaci�n rom�ntica, se sirve de un hecho hist�rico -la sublevaci�n del caudillo cosaco Yemeli�n Pugachov- para explorar literariamente uno de los temas constantes en la historia de la sociedad rusa: el conflicto entre un sistema desp�tico e injusto y un pueblo sometido y humillado, proclive a utilizar la figura de falsos mes�as para defender su honor y liberar su ira contra el poder opresor.